1. Respeta la conciencia de la
otra persona.
Toda persona tiene una conciencia y hace, por lo general, lo que cree es correcto. Nadie soporta sentirse culpable: es igual a sentirse un don nadie. No importa lo malo o lavado que pueda demostrarse una persona en su conducta; de algún modo ha estado trabajando con su conciencia, justificándose, para no sentir que ha hecho mal. Si no se auto – justifica es porque ignora lo que es correcto y justo.
2. Respeta la voluntad de la otra persona.
Cada persona es autónoma y es responsable de sus propias decisiones. Como individuo autónomo debes mantener una relación de igualdad entre los que te rodean, porque cada persona es responsable ante Dios por sí mismo (Romanos 14:7-12).
El verdadero amor hacia los demás respeta su derecho autónomo de tomar sus propias decisiones, aun cuando se decidan en contra tuya. Cuando tu relación con otras personas parte de este sentido de igualdad, ellas perciban tu amor.
Dice en Romanos 14:3-23 que no se te atribuye autoridad para juzgar a los demás ni el derecho de ejercer sobre ellos cualquier autoridad de administrador. Si lo haces interfiere con su autonomía básica y con su responsabilidad ante Dios. Cada persona es responsable de sujetarse a su propia conciencia en sus decisiones.
3. Respeta los sentimientos de la otra persona.
Todas las personas tienen emociones naturales y deben poder expresar esos sentimientos sin sentirse culpable o turbado por haberlo tenido. Es que todos somos más o menos sensibles a lo que otros piensan respecto a esa demostración de sentimientos. Tú vas a demostrar tu amor al permitir que los demás sientan plenamente sus emociones naturales sin exponerlos a tu regaño, burla o castigo. Una persona se siente amada y aceptada cuando puede expresar libremente sus emociones.
Toda persona tiene una conciencia y hace, por lo general, lo que cree es correcto. Nadie soporta sentirse culpable: es igual a sentirse un don nadie. No importa lo malo o lavado que pueda demostrarse una persona en su conducta; de algún modo ha estado trabajando con su conciencia, justificándose, para no sentir que ha hecho mal. Si no se auto – justifica es porque ignora lo que es correcto y justo.
2. Respeta la voluntad de la otra persona.
Cada persona es autónoma y es responsable de sus propias decisiones. Como individuo autónomo debes mantener una relación de igualdad entre los que te rodean, porque cada persona es responsable ante Dios por sí mismo (Romanos 14:7-12).
El verdadero amor hacia los demás respeta su derecho autónomo de tomar sus propias decisiones, aun cuando se decidan en contra tuya. Cuando tu relación con otras personas parte de este sentido de igualdad, ellas perciban tu amor.
Dice en Romanos 14:3-23 que no se te atribuye autoridad para juzgar a los demás ni el derecho de ejercer sobre ellos cualquier autoridad de administrador. Si lo haces interfiere con su autonomía básica y con su responsabilidad ante Dios. Cada persona es responsable de sujetarse a su propia conciencia en sus decisiones.
3. Respeta los sentimientos de la otra persona.
Todas las personas tienen emociones naturales y deben poder expresar esos sentimientos sin sentirse culpable o turbado por haberlo tenido. Es que todos somos más o menos sensibles a lo que otros piensan respecto a esa demostración de sentimientos. Tú vas a demostrar tu amor al permitir que los demás sientan plenamente sus emociones naturales sin exponerlos a tu regaño, burla o castigo. Una persona se siente amada y aceptada cuando puede expresar libremente sus emociones.