El
pecado hace que los cristianos lleguen a ser cobardes que viven en derrota. No
pueden levantarse con valor contra el pecado a causa del pecado secreto en sus
vidas. Ellos excusan los pecados de otros a causa de la desobediencia en sus
propios corazones y no pueden predicar victoria porque viven en la derrota.
Algunos de ellos supieron una vez lo que era vivir victoriosamente, tomando la
venganza contra el pecado, habiendo cumplido la rectitud de Cristo en sus
propias vidas.
Experimentaron el poder, el valor, las bendiciones que
vienen a los obedientes al Señor. Hoy son solo una sombra de lo que antes
fueron. Ahora cuelgan sus cabezas en vergüenza, incapaces de mirar el mundo a
los ojos, víctimas del pecado que gobierna sus vidas. Un pecado asediante ha
robado su vitalidad espiritual y un enemigo tras otro es levantado contra
ellos.
Ejemplos
en el Antiguo Testamento.
¿Estamos
trayendo maldición sobre nosotros?
Tan clara manifestación de Dios obrando no se debe perder en
nosotros hoy. ¿Es por eso que caemos víctimas ante nuestros enemigos modernos?
Nosotros no luchamos contra enemigos de carne y sangre – ¡los nuestros son más
poderosos! Nuestros enemigos son el temor, la depresión, la culpa, la
condenación, la preocupación, la ansiedad, la soledad, el vacío, la
desesperación.
¿Dios ha cambiado su carácter o todavía “levanta
adversarios” contra una generación pecadora y comprometida? ¿Será que estos
enemigos modernos están venciendo a mucho del pueblo de Dios por su pecado
escondido y desliz? Dios no puso una yunta pesada sobre su pueblo. Era tan
sencillo y fácil: “Obedece y serás bendecido o desobedece y sufre.” Ese mismo
mensaje resuena en el Nuevo Testamento:
“El
ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz”
(Romanos 8:6).
Tenemos
bastante enseñanza sobre cómo enfrentarnos a nuestros problemas y temores. No
tuvimos suficiente enseñanza sobre cómo tratar con el pecado en nuestras vidas.
No puedes curar el cáncer poniéndole parches. Tiene que ser quitado.
Continuaremos siendo personas neuróticas-mientras sigamos excusando el pecado
en nosotros. No es de extrañar que estamos tan deprimidos, preocupados,
cargados con la culpa y la condenación- vivimos en nuestra desobediencia y
compromiso.
La
mayoría de nosotros estamos plenamente conscientes que el pecado esta a la raíz
de todos nuestros problemas. Sabemos
que el pecado causa temor, culpa y depresión. Sabemos que nos roba de todo
valor espiritual y vitalidad. Pero
lo que no sabemos es cómo vencer al pecado que tan fácilmente nos asedia
No tengo fórmulas, ningunas soluciones sencillas. Lo sí sé
es que hay mucho consuelo en la Biblia para aquellos que está peleando batallas
entre la carne y el Espíritu. Pablo peleó la misma clase de la batalla, contra
la misma clase de enemigo. Confesó, “No hago el bien que quiero, sino el
mal que no quiero, eso hago” (Romanos 7:19).
1.
¡Debo aprender a tener hambre por la santidad y odiar el pecado que me acosa!
2.
¡Debo estar convencido de que Dios me ama a pesar mi pecado!
3.
Debo aceptar la ayuda amorosa de mi Padre para resistir y vencer.
4.
Cuando el pecado en mí es vencido, todos mis otros enemigos deben huir.
Lo que yo hago acerca del pecado en mi vida determina cómo
mis enemigos se comportarán. La victoria sobre el pecado que asedia hace que
todos mis otros enemigos huyan. La preocupación, el temor, la culpa, la
ansiedad, la depresión, la agitación, la soledad - todo son mis enemigos. Pero
ellos solo pueden hacerme daño sólo cuando el pecado me convierte en un blanco
sin protección. Los justos son tan audaces como un león. Ellos tienen una mente
y conciencia clara y esto es una fortaleza que estos enemigos no pueden
invadir.
¿Quieres la victoria sobre todos tus enemigos? Entonces vaya
de manera correcta tratando ferozmente con tu pecado que te asedia. Quita la
cosa maldecida en tu vida y llegarás a ser poderoso en Dios.
“…
despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, (nos rodea o acosa)…”
(Hebreos 12:1).
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